Cuando contacté a la autoproclamada «chica mala de código abierto» CC para realizar una entrevista, no pude evitar la sensación de que su respuesta llegaba desde un universo completamente diferente, tal vez desde un bolso de sirena rosa. Sabía que estaba disfrutando del momento mientras me contaba acerca de su cyberdeck, un dispositivo fascinante hecho de conchas. «Es un Tamagotchi, un lector de libros electrónicos y está conectado a mis servidores y a mi bóveda. Accedo a todos mis PDFs y notas desde aquí,» dijo con entusiasmo. Esta joven, aunque sin formación formal en ingeniería de software o ciencias de la computación, ha demostrado su habilidad para construir cyberdecks no convencionales, inspirando a otras mujeres a seguir su ejemplo en su blog Bimbo Tech, donde documenta minuciosamente su proceso de creación.
La idea del cyberdeck, popularizada por la ciencia ficción en la novela «Neuromante» de William Gibson, ha cobrado vida en la última década gracias a la accesibilidad de dispositivos como la Raspberry Pi. Originalmente un pasatiempo para entusiastas del hardware, ha evolucionado en una opción viable para muchas mujeres que buscan explorar la tecnología de manera artística y feminista. Estas comunidades en línea, alimentadas por plataformas como Instagram y TikTok, han florecido, con un enfoque en la creación de computadoras decorativas que rompen con las normas tradicionales asociadas a la tecnología.
CC analiza la cultura dominante en tecnología y señala el machismo que la rodea. «Siempre que lanzan un nuevo producto de gama alta, digo, ‘déjame adivinar, es negro o plateado. Nunca va a salir en rosa.'» Esta reflexión crítica no solo pone de manifiesto la falta de diversidad en el diseño tecnológico, sino que también impulsa a las creadoras a establecer su propio estilo, uno en el que los colores y formas pueden ser expresiones de identidad. En este sentido, los cyberdecks se alzan como formas de arte, desde computadoras hechas de madera y musgo hasta reproductores MP3 decorativos, mostrando que la tecnología puede ser tanto funcional como un vehículo de autoexpresión.
Mientras mujeres como Maro Vandanyan optan por crear cyberdecks que resalten la relación histórica entre el arte textil y la tecnología, su trabajo también responde a una necesidad de redefinir el papel femenino en la ciencia y la tecnología. Al utilizar técnicas como el croché para dar nueva vida a componentes tecnológicos, Vandanyan resalta la contribución de las mujeres en la historia de la computación, recordando que muchas de las innovaciones iniciales fueron concebidas por manos expertas en el tejido. Cada creación no solo es un producto estético, sino también una declaración de poder y legado.
El apogeo de este movimiento ocurre justo cuando las personas empiezan a sentir la presión de una tecnología homogénea y cruelmente optimizada. CC destaca cómo este rechazo consciente hacia los dispositivos de gran consumo necesita ser celebrado. «Ver a las personas recuperando el control y abrazando la creatividad es algo hermoso,» dijo. Con cada cyberdeck que se construye, ya sea que surja de un bolso de Hello Kitty o de un corset rosa, hay una afirmación de identidad y pertenencia en un mundo digital despersonalizado, donde cada una de estas mujeres está redefiniendo el futuro de la tecnología.


















