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La fiebre escarlatina, también afecta a adultos. Noticias 

¿Rebrote de la escarlatina? Alerta en el mundo científico

Los números que arrojó la escarlatina en 2015, alertaron a los especialistas. Al parecer, esta anomalía en la cantidad de contagiados dejó inquieto al mundo científico, pues es necesario ir a los registros de 1967 para encontrar cifras igual de masivas. Esto, porque en 2015 se registraron 17.586 casos de la infección y en 1967 fueron 19.305 los contagiados.

Los motivos de esta explosión son aún materia de estudio, pues se cree que no tienen relación alguna con el aumento poblacional del planeta ni tampoco con la aparición de alguna nueva cepa de escarlatina. El misterio al respecto sigue latente y el desconcierto en el mundo médico es considerable.

La preocupación científica se basa, principalmente, en la probabilidad de que la bacteria que causa la escarlatina haya desarrollado resistencia a los antibióticos que la combaten o a un amplio espectro de tratamientos que normalmente se recetan para las infecciones del tracto respiratorio. Además, las complicaciones que puede conllevar son también de respetable gravedad, pues van desde infección de oído y abscesos, hasta la fiebre reumática que puede dañar al corazón. Si bien el tratamiento con antibióticos a menudo trae mejoras rápidas, el ojo está puesto en la posible evolución de la bacteria y los cambios que haya que hacer en la forma de contrarrestarla.

Pero ¿qué es la escarlatina?

La escarlatina, o fiebre escarlata, es una enfermedad infecciosa y bacteriana causada por streptococcus pyogenes –bacteria tipo gram positiva- perteneciente al serogrupo A, cuyo periodo de incubación es de entre 2 y 4 días.

El contagio más común es producido por la vía respiratoria y principalmente en niños entre los 5 y 12 años, siendo de muy rara aparición en adultos. Además, puede existir contagio mediante el contacto con objetos y superficies contaminadas con el patógeno. Cada persona, por otro lado, puede padecer escarlatina más de una vez en la vida, puesto que las formas de entrada bacteriana movilizan a diferentes áreas de inmunidad específica del organismo.

La escarlatina puede aparecer también tras otras enfermedades relacionadas con la misma bacteria, como la faringitis estreptocócica, la sepsis puerperal o el impétigo.

La primera de estas, la faringitis estreptocócica, es causante e casi el 40% de los dolores de garganta en niños y, en menor medida, de adultos. Luego, la sepsis puerperal, manifiesta mayor gravedad pues afecta a todo el organismo, en su calidad de infección septicémica, procedente en la mayoría de los casos, de partos o abortos. Por último, el impétigo, es una infección cutánea cusada por bacterias, y que se presenta con más frecuencia en niños o personas con baja inmunidad producto de stress o cuadros depresivos.

Y ¿cuáles son los síntomas de la escarlatina?

Es conocida, clásicamente, por el sarpullido colorado que se propaga por el cuerpo. Este sarpullido, denominado exantema, es una erupción cutánea generalizada, que puede producirse por diferentes agentes bacterianos.

El síntoma más notable, luego del anterior, es la fiebre alta, superior a los 38° centígrados, inflamación de la garganta, escalofríos, náuseas y vómitos, dolor de estómago y pérdida del apetito. Por otro lado, lo enantemas o erupción de las mucosas, se manifiestan con secreciones purulentas en la lengua y las amígdalas, dándoles un aspecto blanquecino y poco saludable.

¿Qué podemos esperar de este brote?

A decir verdad, no es primera vez que el mundo científico entra en alerta a causa del rebrote de una enfermedad que parecía controlada. Enfermedades como el ébola, dengue, fiebre aftosa e incluso la rabia, tuvieron en su momento estados de resurgimientos alarmantes, en mayor o menor medida.

Sin embargo, hasta hoy, cada resurgimiento ha podido ser controlado aunque, lamentablemente, no siempre sin dejar víctimas. Por fortuna, la escarlatina no es un mal mortal y tampoco reviste gravedad si se trata con seriedad.

Es de esperar, entonces, que la ciencia vuelva a acudir en nuestra ayuda y nos permita la calma, n sin dejar de tomar lo resguardos de higiene y alimentación propios de nuestra era.

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