La vicepresidenta de Asuntos Corporativos y Gestión Socioambiental de Transelec plantea una mirada sobre el nuevo ciclo de las compañías de infraestructura: mayor sostenibilidad, relación territorial permanente, transparencia y equipos capaces de integrar funciones que antes avanzaban por separado.
Las empresas de infraestructura están viviendo una transformación silenciosa y profunda. La capacidad técnica sigue siendo decisiva, junto con nuevas exigencias que atraviesan la operación, la sostenibilidad, los permisos, las comunidades, la reputación y la forma en que las compañías explican su rol en el desarrollo del país.
Paola Basaure, vicepresidenta de Asuntos Corporativos y Gestión Socioambiental de Transelec, observa ese cambio desde una posición ejecutiva donde confluyen gestión ambiental, comunidades, asuntos corporativos, inversión social, innovación y liderazgo interno.
Su mirada ayuda a comprender por qué las empresas del sector eléctrico necesitan conducir sus proyectos con una lógica más integrada. “Debemos entender cómo están cambiando las empresas de infraestructura”, plantea como idea central de su reflexión.
Para Basaure, la transformación se expresa en decisiones concretas como fortalecer el cumplimiento ambiental, llegar antes a los territorios, formar equipos con nuevas capacidades, construir confianza con comunidades y asumir la transparencia como una práctica de gestión.
“La operación sigue siendo clave, junto con una mirada más amplia del entorno”
En una empresa de transmisión eléctrica, la operación técnica ocupa un lugar central. Las líneas, subestaciones y activos de red sostienen una parte esencial del funcionamiento del sistema eléctrico. Basaure identifica un cambio relevante en la forma de comprender esa operación.
“Hoy los equipos tienen más temas en el radar: la reputación de la compañía, la relación con clientes, las comunidades, el impacto ambiental y la forma en que una falla puede afectar a personas y territorios”, explica.
Esa lectura muestra una evolución del liderazgo en infraestructura. La gestión técnica necesita dialogar con variables reputacionales, sociales y ambientales. Cada decisión operativa puede tener efectos hacia dentro de la empresa y hacia el entorno donde la compañía está presente.
Para Basaure, esa ampliación de mirada forma parte de la madurez empresarial. La infraestructura crítica opera en territorios reales, con comunidades, autoridades, actividades productivas y expectativas ciudadanas. Su conducción exige comprender esa complejidad desde el inicio.
Cumplimiento ambiental y una transformación interna
Uno de los hitos que Basaure destaca en su gestión es la transformación del cumplimiento ambiental dentro de Transelec. Según relata, la compañía avanzó en el cierre de brechas ambientales y en la instalación de estándares más exigentes frente a permisos, fiscalización y operación diaria.
La ejecutiva recuerda un episodio que considera simbólico: la realización de un “stop work” ambiental. Hasta ese momento, detener trabajos era una decisión asociada principalmente a la seguridad de las personas. Incorporar una detención por motivos ambientales mostró un cambio cultural dentro de la organización.
“Eso antes era impensado. Hoy entendemos que los temas ambientales forman parte de la forma en que operamos”, señala.
El punto es relevante para empresas de infraestructura. El cumplimiento ambiental adquiere peso cuando deja de depender únicamente de un área especializada y se convierte en una práctica compartida por los equipos. Esa transformación exige liderazgo, criterios claros y una cultura interna preparada para actuar frente a riesgos.
Comunidades: gestión de relación permanente
Basaure también identifica un cambio profundo en la relación con comunidades. En su visión, la infraestructura no puede tratar el territorio como un espacio de paso. Las empresas que construyen y operan activos durante décadas necesitan relaciones consistentes, canales directos y presencia permanente.
“Somos un vecino que se queda para siempre”, resume. Desde esa lógica, Transelec ha fortalecido equipos comunitarios y ambientales en distintas zonas del país.
La diferencia está en la forma de entender el vínculo. Basaure plantea que el relacionamiento comunitario debe nacer de una intención de largo plazo, con proyectos, escucha y presencia. La comunidad deja de ser un actor que aparece durante la evaluación ambiental y pasa a formar parte de la gestión permanente de la compañía.
“Para que un proyecto sea sostenible tienes que tener buen trabajo territorial, confianza y transparencia. Hay que explicar las cosas poniéndose en el lugar del otro”, sostiene.
Sostenibilidad desde el inicio de las decisiones
Otra señal del cambio que observa Basaure está en la incorporación temprana de las variables socioambientales. Según explica, su área participa desde el inicio cuando surge una idea de negocio, una adquisición, una obra o un nuevo proyecto.
Esa participación temprana modifica la forma de planificar. La sostenibilidad entra al diseño, a la evaluación de riesgos, al mapa de actores, a la estrategia territorial y a la forma en que se comunican las decisiones.
“Cuando hay una idea de negocio, nuestra área es parte del inicio del proceso. La toma de decisiones debe considerar las variables socioambientales”, afirma.
Para Basaure, esa práctica ayuda a construir proyectos con mayor solidez. La información local, las preocupaciones comunitarias y la lectura ambiental permiten anticipar escenarios, ajustar medidas y fortalecer la viabilidad real de las iniciativas.
Transparencia como atributo de gestión
En infraestructura crítica, la transparencia se vuelve una prueba de liderazgo. Basaure vincula este principio con la forma en que las empresas reconocen errores, informan a la autoridad y enfrentan momentos de alta exposición pública.
Desde su mirada, levantar la mano a tiempo fortalece la confianza interna y externa. La transparencia requiere asumir costos, ordenar respuestas y mostrar disposición a corregir.
“Cuando detectamos un problema, tenemos que decirlo, explicar qué pasó y trabajar en cómo lo arreglamos”, plantea.
Esa visión se conecta con una exigencia creciente hacia las empresas de infraestructura. La ciudadanía, las autoridades y las comunidades evalúan la manera en que una compañía actúa frente a contingencias. La confianza se construye con desempeño técnico y conducta pública.
Innovación para gestionar mejor el territorio
La transformación que describe Basaure también incorpora tecnología. En su experiencia reciente, la innovación socioambiental permite abordar desafíos que antes dependían de procesos más lentos o de menor cobertura territorial.
Entre las iniciativas mencionadas por la ejecutiva aparecen drones para monitoreo de vegetación, aplicaciones comunitarias, herramientas para identificar especies arbóreas, soluciones acústicas, detección arqueológica y dispositivos orientados a reducir riesgos para aves en líneas de transmisión.
La tecnología cumple una función práctica: mejorar decisiones, anticipar impactos, ampliar cobertura y entregar más herramientas a los equipos en terreno.
“La tecnología es bienvenida en los temas socioambientales porque nos permite llegar a más territorios”, señala.
Esa frase sintetiza una visión contemporánea de la innovación. Su valor está en resolver problemas concretos y en elevar la capacidad de gestión de una compañía con presencia extensa.
Integrar funciones antes separadas
El perfil de Basaure ayuda a explicar una tendencia mayor en las empresas de infraestructura: la integración de funciones que durante años avanzaron en carriles distintos. Operación, ambiente, comunidades, reputación, innovación, permisos y comunicaciones forman parte de una misma conversación ejecutiva.
Esa integración exige nuevos equipos y nuevos liderazgos. La ejecutiva destaca la importancia de formar personas capaces de generar redes, presentar ideas, negociar, pedir información, entregar feedback y actuar con criterio frente a escenarios complejos.
“No basta con saber normativa socioambiental. También hay que saber trabajar con otros, construir relaciones y mover a la organización”, explica.
Esa mirada refleja una dimensión clave del cambio empresarial. Las compañías de infraestructura necesitan especialistas técnicos y equipos preparados para conectar disciplinas, interpretar contextos y tomar decisiones bajo escrutinio público.
Una voz para leer el cambio del sector
Paola Basaure representa una voz ejecutiva que permite interpretar la transformación actual de las empresas de infraestructura en Chile. Su experiencia muestra una industria que avanza hacia una gestión más consciente de su relación con el entorno, sus riesgos ambientales, su reputación y su impacto territorial.
El cambio que describe no se resume en un programa interno ni en una agenda de sostenibilidad. Se expresa en la forma de operar, tomar decisiones, formar equipos, llegar a comunidades, usar tecnología y enfrentar la conversación pública.
En esa lectura, las empresas de infraestructura del futuro necesitarán crecer con más integración, más transparencia y más capacidad de diálogo. Para Basaure, ese camino requiere comprender que la técnica, el territorio y la confianza forman parte de una misma estrategia de largo plazo.



















