El 31 de mayo, el mundo celebra el Día Internacional de los Tripulantes de Cabina, una fecha especial que rinde homenaje a la invaluable labor de quienes no solo brindan servicio a bordo, sino que también son un pilar fundamental para la seguridad aérea. En Chile, la historia de Marcela Gómez, una tripulante de cabina originaria de Viña del Mar, simboliza la trayectoria y el compromiso de cientos de profesionales en la aviación. Tras abandonar su carrera como profesora en 1994 para unirse a American Airlines, Marcela ha construido una carrera de 31 años, convirtiéndose en una de las tripulantes más experimentadas de la flota en Santiago.
A lo largo de su fascinante trayectoria, Marcela ha tenido la oportunidad de recorrer el mundo, interactuando con personalidades internacionales y cultivando amistades que han perdurado desde su primer vuelo. La emoción de ese primer día, según relata, sigue viva en su memoria, donde la mezcla de nervios y entusiasmo la llevó a vivir una experiencia transformadora. «El apoyo de la tripulación experimentada fue crucial; su guía me hizo sentir más segura, y desde entonces supe que esta era mi verdadera vocación», compartió Marcela, reflejando la pasión que la motiva a seguir volando.
Treinta años después de haber iniciado su carrera, el entusiasmo de Marcela continúa intacto. «Nunca imaginé que estaría aquí tanto tiempo, pero me siento igual de energética y emocionada que cuando empecé a volar», expresó con una sonrisa. Este compromiso no solo se traduce en su dedicación al trabajo, sino también en su deseo de celebrar la amistad forjada con sus compañeras. A menudo, se reúnen con un grupo de colegas que iniciaron juntas su camino en la aviación para compartir momentos y reflexionar sobre su largo viaje.
Sin embargo, el trabajo de un tripulante de cabina va mucho más allá de la simple atención al cliente. Marcela enfatizó que la seguridad de los pasajeros es la prioridad número uno, un aspecto que a menudo es pasado por alto por quienes vuelan. El entrenamiento constante —que incluye la renovación anual de su certificación en Texas— es fundamental. «Cada vuelo comienza con rigurosos chequeos de seguridad y preparación frente a potenciales situaciones de emergencia», explicó, poniendo en relieve la responsabilidad crítica que tienen todos los tripulantes.
Finalmente, para aquellos que aspiran a emprender una carrera como tripulantes de cabina, Marcela Gómez dejó un consejo importante: «Dedícate completamente a lo que haces y mantén una actitud positiva. Este trabajo requiere un gran nivel de autocontrol y flexibilidad, ya que puede presentarte con desafíos inesperados». A pesar de las dificultades y sacrificios que pueden implicar, como perder celebraciones familiares, ella no cambia su profesión por nada, reiterando la satisfacción que le brinda su vida en el aire.



















